Visita a la capital
Enviado por Marco
Por fin habían llegado otra vez las vacaciones. En mi segundo día, convencí a Jonathan para que me acompañase. El plan era irse de marcha a la capital y ver que podíamos sacar de ella. El chico tenía mi edad y era bastante guapo. Iba de hetero, pero su pelo largo rizado y sus pequeños deslices le delataban; o, al menos, eso creía yo. Incluso su cara se me antojaba algo femenina.
Nos plantamos en poco menos de una hora en un enorme bar de copas en el que empezamos nuestra 'caza'. Por supuesto las chicas no nos hacían demasiado caso, en especial por el 'enorme interés' que yo mostraba.Estuvimos bebiendo un buen rato allí hasta qeue decidimos ir a una discoteca que yo conocía. El ambiente allí era mixto, e incluso me crucé con algún amigo que estuvo a punto de dar con todo al traste. Seguimos bebiendo y me dí cuenta de que a mi amiguito le empezaba a afectar. Cada vez se fijaba menos en las muchachas y más en mi, tal vez por la cercanía, pensé. A la próxima copa, se deshinibió totalmente. Un bulto de serias dimensiones se marcaba en su entrepierna. Incluso cuando nos acercamos a la barra noté una mano que me sobaba el culo. Sólo podía ser él. Sin darme por enterado, fuimos a una mesa cercana a los servicios. Allí, le convencí para que tragase el agua que le había pedido y estuvimos un rato hablando. Fui desviando la conversación hacia temas “escabrosos”, sonsacándole lo que pude. Entretanto, no hacía más que fijarse en mi paquete y comerme con los ojos. Yo le ayudaba con mis maneras más provocativas, algo amaneradas, capturadas de mi otro yo Alicia. Antes de que le bajase, quise aprovechar su excitación y me levanté. Cuando me preguntó que a dónde iba, supe que mi plan había surtido efecto. –Voy al servicio, ¿quieres acompañarme?-. Accedió como había supuesto y entramos juntos.
Por supuesto, en ese momento escogido no había nadie. Ocupé deliberadamente el único urinario y él tuvo que entrar en el cuartito. Evidentemente, Jonathan no podría mear con la polla como la tenía. Supe que se haría una paja así que, abriendo la puerta me lo encontré empezando la faena. Sorprendido, trató de ocultar su verga, pero sin dejarle tiempo a pensar le dije -¿Te ayudo?-. Sin contestar, solo sonriendo, me ofreció su aparato. Era pequeñita, recta, durísima y ¡vaya!, estaba afeitado como yo. La tomé entre mis manos y acerqué mi boca a ella. Mmm, calentita, sabrosa. Besé la punta y él se estremeció, repetí y volvió a hacerlo. Parecía gustarle. Cerró la puerta con el pestillo y yo continué con la mamadita. Dibujé toda su polla con la lengua hasta llegar a las pelotas que colgaban. Volví a subir hasta el capullo y me lo tragué de golpe, jugando con él dentro de mi boca mientras le apretaba los huevos con la mano. Él no paraba de acariciar mi pelo entre gemidos, especialmente cuando le lamía debajo del glande. Varias veces estuve tentado de sacármela y hacerme una paja, pero a la vista del duro trasero que ofrecía el chico, pensé un destino mejor para mi leche. Lo que sí hice fue probar su culito. Mojé mi dedo índice y, sin abandonar para nada la felación, se lo fui metiendo. Sin ningún esfuerzo se coló en el ano de Jonathan al tiempo que su polla parecía crecer en mi boca. Casi se diría que aquel culo quería tragarse el dedo que hurgaba cuando me pidió que le metiese otro. Para entonces Jonathan ya respiraba de forma más que agitada. Me retiré y le hize una paja salvaje apuntando a la cercana pared. En nada estalló. Soltó un chorretón que se estampó en la pared y luego otros chorritos espasmódicos, algunos de los cuales cayeron en el suelo. Incorporándome, le besé en sus labios.-Ahora ya puedes mear-, le dije saliendo del cubículo.
Tardó unos minutos en salir. Cuando lo hizo, el paquete volvía a marcársele, como a mi. -¿Te gustaría terminar?-, me dijo al oído. Sin contestarle, tomé la mano que me ofrecía y nos fuimos para el coche. Éste estaba aparcado en un callejón oscuro. Jonathan iba delante, pero no se paró en la puerta. En lugar de eso se recostó sobre el capó del auto y se bajó los pantalones hasta las rodillas. Me acerqué maravillado a aquel terso culo, blanco y redondo y le bajé los calzoncillos. Abriendo las nalgas, busqué su agujero y lo besé. Se estremeció como minutos antes en el servicio. Seguí mojándolo hasta que pude meter con facilidad tres dedos en él. Entonces, incorporándome, me bajé los pantalones y saqué mi polla. Ansiosa, la puse en la entrada del esfínter y el respondió con un sonido extraño. Sin vacilar más, la fui enterrando en su pozo maravilloso. Gemía como un loco cada vez que le entraba un poco de nabo, hasta que lo tuve clavado del todo. Empecé a moverlo lentamente sintiendo claramente su calentura a través de mi miembro. Tomándolo por la cintura, se la hundí lo más que pude. Jonathan se contorsionaba como una serpiente a cada embolada y apretaba como un poseso mi pobre tranca. Como pude, con una de mis manos agarré su polla, ya firme, y se la acaricié. Respondió como siempre, enpitonándose más en la barra que tanto placer le daba. Bajó una mano por entre las piernas buscando mis huevos y comenzó a amasarlos con maestría. La corrida fue de órdago. Me vino casi sin avisar y solté toda mi leche en el precioso recto que aprisionaba mi verga. Jonathan entendió y aflojó un poco para que pudiese salir. Justo entonces, se revolvió y la tragó entera para dejarla bién limpia.
El problema es que volvió a ponerse en forma. Ahora me pidió que entrásemos en el coche. Lo movimos hasta un descampado cercano y, llegando, nos fuimos al asiento de atrás. Allí me senté con el falo apuntado al techo y él se puso en cuclillas encima. Lentamente se lo fue hincando hasta quedar sentado sobre mi pubis. Toda la tranca estaba ahora dentro del esfínter del joven, al que beséapasionadamente. Nos pusimos a lo largo del asiento y me tumbé en él. Mi amigo, ensartado aún, se echó para atrás hasta apoyarse en la portezuela. Empezó a culear mientras se cascaba una paja apuntándome con su preciosa pollita. Yo casi no podía moverme, así que el chico hizo todo el trabajo. De pronto sintió necesidad de algo más y, saliendo de su alojamiento, tomó mis piernas para ponerlas sobre sus hombros. Mi esfínter quedaba así expuesto a su nabo que exploraba por entre las nalgas. Encontró su objetivo y presionó metiendo la punta. Sin querer, me retiré un poco y se le salió con un sonoro “plop”. Me preguntó si me hacía daño, a lo que respondí que no, que había sido una retirada involuntaria. Repitió el proceso nuevamente hasta que me la volvió a hincar. En ese momento salió el aire que había entrado en la acometida anterior. Deteniéndose, miró como me ruborizaba y se puso a reir continuando con la metida. Su polla era maravillosa. Ni un atisbo de dolor asomó en mi culo, solo el placer de su calor y volumen. Ajusté mi ojete a su medida y comenzó a taladrarme cada vez más duro. Yo ya estaba desquiciado y, de mi puntita, salían gotas de flujo preseminal en abundancia. Jonathan me follaba con ganas y su cara mostraba a las claras el placer que sentía. Casi como el que me daba por el culo, tiernamente, su pene acariciaba mi recto volviéndome loco hasta que estalló. Una descarga eléctrica recorrió mis intestinos siguiendo el reguero de chorretazos que soltó el niño y nos corrimos juntos. Se tumbó sobre mi, pringándonos los dos con mi leche y descansamos un rato.
Pasada una hora, más o menos, salí del coche para ir a mear. Al volver, Jonathan me esperaba todavía desnudo con evidentes ganas de continuar. Para su disgusto le dije que debía ir a casa de mi tía Amparo a dormir, ya que se había hecho tarde.
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