Sesión de estudio
Enviado por Anónimo
Hoy me toca a mi de víctima. Yazgo sobre mi espalda mientras una boca inquisitiva explora mis testiculos. Ya tengo una erección rígida, y la boca es lenta. Mi glande necesita atención, pero falta para ello, al menos 10 minutos.
No se por que me acorde de Fernanda, una amiga por internet que siempre me pide historias cachondas para leer mientras trabaja. No se por qué, si es gerenta de una empresa con un nutrido staff masculino a su disposicion. La cosa es que, de pensar en que le puedo contar a Fernanda, me acorde de la venta de las casona en Asunción.
Era una casona de los padres de un amigo, que estaba vacia y en venta, por lo que la usamos harto antes de que se vendiera. Un día en particular, estaba Rodolfo, mi amigo, en el sótano revelando sus fotos dudosas, mientras Alexandra, una ex novia mía y muy buena amiga, estudiaba un gordo libro para un examen al día siguiente. Alexandra es una mujer muy vistosa. Alta ? más de 1,80 ? pelo negro, levemente pecosa, y con unas tetas y un culo notables, no por dimensiones sino por lo bien integrados que están con el resto de su persona. Estaba tendida en el suelo, estudiando, vestida con una falda eterna de larga, sandalias que se quito nada mas llegar a casa, una blusa de gasa y un peto negro. Por lo que me había contado, su última cita había naufragado en un mar de eyaculación precoz, por lo que andaba de un humor no muy entusiasta y con una tension sexual subida. Yo por mi parte, jugaba Lemmings en el PC del 'puesto de mando' improvisado.
La boca se entusiasma y está mordisqueando suavemente mi pene, de abajo hacia arriba, deteniéndose en el lado inferior del mismo con besos, lamidas y sonidos líquidos. Todo lento. La erección comienza a dolerme entre las atenciones y los recuerdos. Pero las víctimas se vengan. Dios castiga pero no a palos.
Alexandra se toma cinco minutos de recreo, y yo pauso los Lemmings. Conversamos sobre su encuentro de la noche anterior entre risas mías y gruñidos de ella. “y pensar que decidí darle el polvo de su vida al muy idiota, y eso me costó una buena frustración. Me vestí como la prostituta de Babilonia; ligueros, sostenes de esos que muestran lo pezones, y en lo que pensé que iba a ser el golpe de gracia, que lo fue, me depilé el sexo y el culo.”
“Iba todo bien,” ? prosigue Alexandra ? “comida, baile, copas, etc. Después de bailar unos cuantos lentos apretados y besuqueados, y cuando empezó a meterme mano, decidí que era la hora de pasar a un motel para no perder la sorpresa. Para que decir que este idiota aceptó encantado la propuesta susurrada de ir a un lugar para que hiciera conmigo lo que quisiera. Llegamos al motel entre besuqueos, entramos y lo senté en la cama. Acto seguido, le hice un strip-tease lento y sin música. El bulto tan mal no se veía y para cuando le mostre mis tetas ya le palpitabade tan caliente que estaba. Luego me alcé la falda para que viera que estaba con ligueros y sin ropa interior y el efecto fue devastador. Al verme el pubis depilado, se corrió ahí mismo y no hubo caso de levantarlo de nuevo. Por cierto, tu tambien estás levantado, fresco.”
“Obvio que si, ¿o crees que soy de qué? saber que estás así de caliente y con la conchita depilada, más lo que me gusta lamerte, ¿cómo quieres que me tenga? Ya. De vuelta a estudiar. Si te portas bien y manejas bien la materia para el próximo recreo puede que tengas premio”
Otra tanda de estudio y Lemmings.
Sigo de víctima mientras un par de hermosas tetas se balancean frente a mi cara. El acuerdo de este asunto de las víctimas me impide tomar cualquier iniciativa, por lo que contengo mis ansias de comerme los pezones rosados que acarician mi cara, un poco más duros con cada roce. Por mientras, mi pene es acariciado por una rajita caliente, que sube y baja, humedeciéndolo completamente. Una vez más no puedo hacer nada. En fin. Ya viene mi turno.
Después del estudio y los Lemmings le tomo la materia a Alexandra, y afortunadamente está muy bien. La sabe entera. “Te has ganado un premio”, le digo. “¿Pides tu o entrego yo?” “No se que es peor” ? contesta ? “entre lo caliente que estoy y lo goloso que eres, no se que sea mejor.” Un cara y sello más tarde vemos que decido yo. “Te has ganado un masaje. Relájate” Y comienza el masaje en los pies. Soltando los dedos uno a uno, sobando la planta y el empeine, subiendo por el tendón de aquiles. Me detengo un rato en la pantorilla antes de comenzar a subir por la parte posterior del muslo. En esta parte, Alexandra comienza a suspirar entre risas comentando lo sensible que está. El muslo da paso a las nalgas y el masaje a caricias más suaves. Noto que la muy zorra no lleva ropa interior y comienzo a acercar mi mano a su rajita que, efectivamente, está impecablemente depilada. Lo mejor es que está húmeda y resbalosa, y al pasar un dedo por entre sus labios emite un suspiro con algo de gemido, como invitándome a seguir. Le comento lo apetitosa que está y me pide que si quiero que me la coma. “Te voy a comer, pero sólo si al tomarte la materia te la sabes toda. Un error y te vas a tener que masturbar no más. Obviamente, yo miro” Prosigue el masaje por la parte baja de su espalda, sube hasta los hombros donde se convierte en un masaje con todas las de la ley, y queda lista para seguir estudiando.
Entre tanto, la victimaria tiene mi glande entero metido en su vagina hirviente y un pezón descansa finalmente en mi boca y tengo permiso para lamerlo, pero sólo lamerlo. Que no se me ocurra morderlo. La vagina revolotea alrededor de mi glande, y la tensión es inaguantable. Creo que la hora de la rebelión se acerca.
A cada capítulo Alexandra me ha ido pidiendo premios mejores, que no he podido negar debido a que la materia la sabe impecablemente. Debido a eso le he acariciado el cuerpo entero, le he pellizcado los pezones suavemente, le he rascado la espalda, y como último premio antes de la prueba final (le queda el último capítulo) me pide que le lama el ano, a lo que yo accedo gustoso.
Comienzo a besar sus nalgas, blancas y suaves, y a lamer la zona baja de su espalda, siendo recompensado por movimientos de caderas y por todo el vello de la piel erizado. Vamos bien, me digo. Bajo con mi lengua lentamente por entre sus nalgas, mordisqueándolas de vaz en cuando hacia su depilado y rosado ano. Lentamente. A estas alturas, la pobre Alexandra se estremece como una gelatina, pidiéndome que me apure. Yo, por supuesto, como si oyera llover. Finalmente llego a su ano y planto un beso suave sobre el. Tengo una panorámica de su almejita goteante y depilada y de su clítoris rojo que sobresale hinchado y caliente de entre sus labios... pero resisto la tentación, y le comento que tiene una vulva realmente hermosa, y uno de los clítoria más grandes que he visto. Me contesta que cuando éramos novios le decía que su clítoria era el más grande, y yo, entre ruidosos y húmedos besos en su culito, le contesto que la historia se la cuento después, que ahora le toca el último capítulo. Yo vuelvo a mis Lemmings.
Finalmente no aguanto más y la rebelión llega. Media vuelta y la victimaria queda presa debajo de mi. Siento el gusto a mi propio pene en sus labios, muerdo su cuello y bajo a sus tetas rotundas, blancas. Muerdo sin mucha delicadeza, y sigo bajando, besando y mordisqueando rumbo al triángulo inferior. Beso el pubis y me contengo. Beso los muslos y comienzo un ascenso estudiadamente lento por la cara interna de éstos, besando, lamiendo y mordisqueando, mientras la ex-victimaria se retuerce y gime suavemente, lo que, como ella sabe, me pone a mil.
Finalmente, Alexandra pasa el examen impecablemente. Le digo que se ha ganado lo que quiera, a lo que me responde: “Úsame como quieras. Sólo te pido que me hagas correrme dos veces por lo menos.” Cinco minutos después un grito de “PARA, PARA!!” después de otros gritos bastante menos articulados, me informa que mejor dejo de sorber el clítoris de Alexandra y que la primera mitad de la condición está lista. Salgo de entre sus piernas y la abrazo mientras dejo que descanse un rato, mientras le susurro al oído lo mucho que me gusta lamerla y lo que me excitan sus corridas gritadas.
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