Paula en el pensamiento - 4
Enviado por Francesc Llimós
Le había aflojado el sujetador con una mano, mientras que la otra ya notaba la presión de los vaqueros sobre el ombligo de Paula. Había sido una acción muy inmediata, después del primer beso. Ser un amante poco experimentado le había hecho acelerar todas las acciones. Desde que se casó que no había estado con otra mujer. Sentía deseo, pero también un extraño pudor.
El botón metálico de los pantalones de Paula, al desabrocharlo, había insinuado unas bragas de un blanco claro pero algo azulado y de una forma triangular mínima. El vello púbico era de un color bronce, algo más oscuro que sus rubios cabellos. Las manos de Paula se recreaban en su pecho velloso a la vez que le lanzaba leves susurros y pequeños mordiscos en una de sus orejas. Notó como su pene quedaba eréctil. Ella ya vestía solamente una leve blusa y el sujetador. Se lo desabrochó y le quitó ambas prendas a la vez. Ahora estaba en una cama para él desconocida con Paula totalmente desnuda. Sólo le quedaban algunos atrezzos: pendientes, un collar fino y dorado, que sujetaba una pequeña cruz que quedaba resguarda en la oquedad del cuello, un reloj plateado y caro además de algunos brazaletes. Su posición era todo deseo. Una pierna cruzada sobre la otra, los brazos a ambos lados, separados del cuerpo y mirándole con la misma sonrisa que le había dedicado en la puerta del ascensor.
Él se encontraba como en forma vacua por la habitación. Se dejaba llevar por su imaginación. Sus pensamientos levitaban. Esta vez la abrazó fuertemente, la besó húmedamente en el cuello, empezando en la zona de la garganta para desplazarse a ambos lados, hacia la zona de los lóbulos de sus orejas. Estos puntos estaban más perfumados de lo normal. En su lengua quedó en gusto amargo provocado por los residuos de alcohol del perfume. Paula daba la impresión de gozar del momento. Luego, la asió por la parte superior de la cintura. La gravedad, al levantarla había cambiado la apariencia de sus senos. Seguían manteniendo la turgencia, pero los pezones parecían tirar de ellos hacía abajo. Eran dos senos simétricos, idénticos, a excepción que uno de ellos, el izquierdo, era ligeramente más pequeño. Jaime había entrado en un estado de agitación y deseo. La última acción había puesto en contacto los dos genitales. Este hecho, el notar el vello de Paula frotando su pene, le había lanzado a cogérselo e intentar introducirlo en la vagina de la mujer...
- ¡ Calma muchacho! Vas muy acelerado.
Este comentario hizo que a Jaime le surgiera un amago leve de timidez, como de inexperto. Estas reacciones cambiaron la situación.
Paula tomó el control de la situación.
- Déjate llevar, déjate llevar – le susurró al oido.
Paula se situó encima de Jaime. Con su vientre frotó rítmicamente la verga de su vecino. Con súbitos cambios de ritmo que hicieron proferir exclamaciones y gemidos al excitado amante. Las manos y la boca de Paula no entraron en contacto en ningún momento con el miembro. La chica se humedeció dos dedos de su mano derecha pasándoselos por su clítoris. Los pasó por el labio superior de Jaime y por las oquedades de su nariz. Él pudo oler el fuerte olor que desprendían los dedos de su amante.
Otra vez la punta de su pene pareció entrar en el coño de Paula. Jaime tenía deseos de penetarla. Estaba gozando y sus instintos le pedían una culminación. Paula flexionó hacia arriba sus rodillas y quedaron otra vez desunidos. Volvió a sentarse sobre él. Situó el pene entre sus dos nalgas. Presionó fuertemente hacía abajo, quedando atrapada entre su culo y sus propias piernas. Con sus manos asidas en su nuca, empezó a oscilar rítmicamente otra vez, de forma que la piel de la verga de Jaime se empezó a desplazar arriba y abajo, arriba y abajo, arriba y abajo...
Jaime estaba con los ojos cerrados, se mordía sus propios labios, si aquello continuaba algún momento más no podría resistirlo. Ella le miraba, estaba a gusto, relajada, estaba disfrutando al ver como gozaba su amante, le miraba sus gestos, sus espasmos, sus sudores. Paula aceleró, aceleró, se movía a una velocidad de vértigo, casi como un temblor continuado. Jaime esta a punto de... y ella se paró súbitamente, levantó su culo y se le echó sobre el pecho.
- Uau!!!!. Recupérate, contrólate, espera un poco más, que tenemos que seguir, yo también quiero lo mío.
- Me estás llevando a un lugar al que jamás había estado antes de ahora.
Paula se dio la vuelta, con la excusa de mordisquear los dedos podales de Jaime, puso su hermoso culo en su mejor vista a los ojos de su acompañante. Él, desde su posición sentada, reclinado un poco en la cabecera de la cama, llegó con sus manos a acariciarle las nalgas. Eran más duras que las de su esposa, y muy lisas, casi como pulidas, rezumando una leve humedad. Primero las acarició genéricamente, poco a poco, sus manos convergieron hacia el centro. A partir del orificio anal, hacia abajo se conformaba un triángulo con los labios vaginales, medio disimulados por los vellos color bronce. Utilizó todos los dedos de su mano derecha para hacer un masaje que empezó en el exterior y que después de encontrarse con el clítoris se fue introduciendo. Paula continuaba en la misma posición, solo se retorcía lentamente.
Jaime se arrodilló detrás de ella, su miembro continuaba erecto, se sorprendió de la dureza que tenía su propia verga. Utilizó su saliva, que le supo a los jugos vaginales de su pareja para lubricarlo, le pareció que estando tan duro le haría daño a Paula. Con su mano la puso en el punto que él creyó correcto, insinuó la penetración, ella osciló de cintura hacia abajo y con una de sus manos corrigió la posición, se desplazó hacia atrás en dirección a Jaime, que puso sus dos manos en la cintura, forzando en una sola vez la entrada hasta donde sus testículos y su vientre le frenaron, quería entrar hasta el infinito. Ahora formaban una sola entidad, que se movía al unísono, estaban perfectamente acoplados...
- ¡ Sigue hasta el final ¡ ¡ Sigue hasta el final ¡ ¡ Sigue ¡ ¡ Sigueeeee!
Gemían y pronunciaban frases entrecortadas, sin esperar respuesta, Paula buscaba un orgasmo conjunto, pretendía que llegaran juntos al clímax. Jaime notó que todo su cuerpo se erizaba, sintió como la sensibilidad de las yemas de sus dedos aumentaba de forma irresistible, sus testículos le anticiparon un torrente de placer. Cerró los ojos fuertemente, emitió algunos sonidos guturales y su semen escapó hacia el interior de Paula. Se sintió feliz, lleno de placer, cansado, con una ligera somnolencia.
Se encontraba tendido en su cama. Una humedad por debajo de su cintura le incomodaba, esta sensación poco agradable terminó por despertarle. A su lado estaba su esposa dormida. Estaba empezando a clarear. La cama estaba mojada, en su ropa interior notaba una sensación líquida y pegajosa. Tenía una sensación de desconcierto. El encuentro con Paula le había situado en un plano nuevo para él. Era como si hubiera descubierto un nuevo mundo. Se despertó completamente, levantó las sabanas y vio como aquella humedad tenía su origen debajo de sus calzoncillos, había tenido un sueño virtual. Primero sintió pudor para cuando su esposa despertara y viera una situación propia de la adolescencia masculina, no sabía que pensar.
Se tendió otra vez en la cama, quedó mirando fijamente el techo. Reflexionó largamente sobre si algún día sería capaz de romper ataduras mentales y ser infiel a su esposa. Paula, desde el interior de su propia mente le recordó que ya lo había sido.
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