La piscina
Enviado por Marco
Aquel era un caluroso día de verano, a mediados de Julio. Había ido a casa de Juanjo de visita, a ver cómo le iban las vacaciones. Vivía con su madre en una torre de una urbanización cercana a la mía que les quedó del divorcio de sus padres. Juanjo era cinco años menor que yo y le conocía porqué habíamos sido vecinos antes de mudarnos. Sin ser una relación especialmente continuada, sólo nos veíamos en verano, a menudo salíamos juntos por las noches o para ir a la playa, aunque no frecuentásemos asiduamente los mismos lugares.
Después de saludar a su madre, ésta se excusó diciendo se iba al pueblo de compras y luego prepararía algo de comer para los tres. La señora Pilar se conservaba muy bién para sus cuarenta y pocos años que tendría, pensé mientras se alejaba. Juanjo propuso quedarnos en casa y aprovechar la piscina para refrescarnos un poco antes de comer. Ante mi negativa al no llevar bañador, se ofreció a dejarme uno suyo. No pude negarme.
Bajé y él ya estaba en el agua. Chapoteamos un rato los dos juntos y, al poco, Juanjo salió a tomar el sol. En lugar de bañador llevaba unos pantalones cortos de deporte que se le habían adherido al cuerpo por el agua y le marcaban todo el culo mientras salía. Se tumbó en uno de los sillones de plástico reclinables de la orilla y miré un momento cuando vi que se había sacado el pantaloncito.-Siempre lo tomo así ¿sabes?-, contestó sin que yo le preguntase. Seguí un rato más en el agua, pero no podía dejar de mirarlo fugazmente de vez en cuando.
Algo había oido acerca de las costumbres sexuales de mi amigo, pero no les había dado importancia. El hecho de que no tuviese novia tampoco era tan relevante. Miré otra vez y se había tumbado mostrándome todo el trasero. Esta vez, al quedarme de espaldas, me quedé mirando un rato y noté con sorpresa que me estaba excitando. Su piel era absolutamente tersa y aparentemente suave, no le aprecié vello por ninguna parte (y lo había visto todo), su pelo era una media melena clara que realzaba aún más su cara aniñada, un cielo de chico.Me asusté al notar que mi polla estaba tiesa cuando se volvió,-¡Marco, vas a quedar hecho una arruga! Aquí tienes una toalla-. Tomé la toalla que me ofrecía y me sequé un poco de espaldas a él para que no notase mi erección, pero la maldita no bajaba. Sólo me quedaba una opción, tumbarme de espaldas cómo él estuvo antes, pero en la hierba. Mi cabeza estaba confusa, por un rato, sentí ganas de sodomizar a mi amigo, la idea se me hizo atractiva pero no lo suficiente cómo para decidirme. Ahora me la estaba sacando de la cabeza cuando se acercó.
-Vas a quemarte la espalda, ¿quieres crema protectora?-
-Bueno, déjamela-, llegué a balbucear.
En vez de eso, me tiró un chorrito en la espalda y me vino un escalofrío. No sé si al notar el contraste de la crema y mi piel, o al notar cómo se sentaba encima de mi culo y me esparcía la crema con sus manos. No sé porqué pero no me resistí. Sentía sus cojones pegados a mi espalda pero cada vez menos su tranca.¡Cielos, se le estaba levantando! De pronto, acercó su boca a mi oreja y me dijo –se lo que piensas, ¿No te gustaría?-.
-¿El qué?- pregunté yo haciéndome el tonto. Sin mediar palabra, me dio un mordisquito en la oreja mientras me acariciaba con las manos. Estaba encima mío y ahora sí sentía su polla apoyada en mi espalda. Estaba durísima y caliente, y yo cada vez más empalmado. Empezó a bajarme el bañador , le ayudé levantandome un poco para que pudiese sacarlo. Así quedé con el culo al aire, nervioso y esperando a ver que es lo que haría mi amigo.
Empezó a lamerme una pierna subiendo poco a poco. La sensación era muy intensa y agradable, me estaba haciendo cosquillas acercándose a mis nalgas a las que empezó a lamer y a darles mordisquitos. Encogí un poco mis piernas para que quedase mi trasero abierto. Entonces me separó los dos cachetes con las manos y me resigió el canal con la lengua. Yo ya me estaba deshaciendo de placer, algo asustado pensando que me penetraría, cuando llegó al agujerito. Le dio un par de vueltas con la puntita que me pusieron a cien y noté como soltaba una cantidad enorme de saliva que me esparcía por mi esfínter. De repente, empujó su lengua dentro del agujero y me arrancó un -¡Ohhh!-, mezcla de dolor y de placer. Sin poder aguantar más, me di la vuelta para mostrarle mi polla ya ansiosa. Me la tomó con la mano y empezó a pajearme muy lentamente, dejando el capullo a la vista para poder lamerlo. Mientras me acariciaba los huevos con la mano izquierda, seguía tragando cada vez más rabo. Luego, resiguió todas las venas del pollón dejándome la polla más dura que jamás tuve. Si continuaba así, iba a correrme enseguida. Notándolo, soltó el miembro y se untó el culo con la crema que me puso en la espalda. -¡Vamos, méteme esa maravilla!-, me dijo sentándose sobre mi nabo.
Primero se entró un poco la puntita del capullo, se paró un momento y me miró sonriente, luego siguió bajando hasta que chocó con mis huevos. Yo estaba ya super salido y empecé a mover mi pelvis, -¡No, ya lo haré yo cariño!-, me dijo comenzando a moverse de adelante a atrás. Parecía talmente una chica, incluso en sus gemidos. Me quedé un ratito mirándole la polla mientras él seguía con su vaivén que me volvía loco. Juanjo se echó para atrás apoyándose con las dos manos en el suelo dejándome aquella colita separada de su estómago. La tomé y empecé a hacerle una paja. Nunca había tocado otra que no fuese la mía, pero muy mal no debía estar haciéndolo a juzgar por la reacción del jovencito. Aceleró sus movimientos sin parar de gimotear, parecía que estuviese llegando a un orgasmo. Yo empecé a culear un poco clavándole la tranca tan a fondo como podía, iba a correrme de un momento a otro y también empecé a suspirar cada vez más rápido.
-¡Oh marco, córrete, córrete!- ,suspiró Juanjo apretándome la polla con los músculos de su esfínter.
-¡Ya me viene, ya me viene!, grité.
Noté como me subía el semen hacia aquel pocito maravilloso que contenía mi rabo y se lo escupí dentro de el. Juanjo se tumbó hacia mi, quedándome encima. La polla le había salido y yo le estaba acariciando aquel trasero que tanto placer me había dado. Al cabo de poco empezó a rezumarle la leche que le había endiñado y se la esparcípor sus nalgas suavemente mientras él me besaba en las mejillas y en el cuello.
Juanjo levantó su cabeza de mi pecho y me preguntó -¿Te atreves a probarlo?-.La pregunta me llegó de sopetón, pero sin saber porqué, asentí. No podía dejarlo de aquella manera. Se bajó hasta que su boca llegó a la altura de mi polla, ahora morcillona y empezó a limpiarla con la lengua, aunque enseguida se desplazó hacia su objetivo. Volví a sentir el placer de hacía un rato cuando me untó el trasero con vaselina. De pronto, deslizó un dedo dentro del agujero.-¿Te duele?-. -No-, le contesté. Le dije que yo mismo me metía el dedo cuando me masturbaba, incluso cosas más grandes. Él me sonrió y metió otro. Continuó con la vaselina y los deditos hasta que decidió que ya estaba bastante dilatado. Tomó mis piernas y se las puso sobre sus hombros. Sentía mi culo muy abierto, y también la punta de su polla investigando por allí. No lo habría supuesto unas horas antes, pero deseaba ser follado, quería que me metiese su pollita dentro de una vez. Como intuyéndolo, empujó un poco y me metió todo el glande. -¡Ahh!-, se me escapó un grito más por la sorpresa que por el dolor. Me miró como si tuviese intención de retirarse pero le animé a continuar y Juanjo siguió entrando muy despacio. Su polla se abría paso por el estrecho ojete llenándome cada vez más. Ahora el dolor era inexistente, había dado paso a una sensación de lleno total en mi trasero. Sin duda, aquello era más grande que cualquiera de las zanahorias que me hubiese metido. Sentí mi culito a punto de estallar cuando empezó el mete y saca. Comenzó lentamente y sacando sólo un trocito de la tranca para aumentar el ritmo y la longitud de la acometida, incluso un par de veces la sacó entera y volvió a comenzar.-¡Ohh, Marco, me flipa tu culo!-, dijo Juanjo mientras yo apretaba los músculos de mi esfínter,cómo él me había hecho antes para aprisionar aquel pene que me estaba destrozando. Mientras, sin proponérmelo, me volví a excitar, mi polla se estaba poniendo tiesa otra vez. La cara de mi amante mostraba el placer que estaba sintiendo y sus gemidos me advirtieron que estaba terminando. En ese momento una oleada de placer, que no sabría de dónde vino, me invadió y se le contagió a Juanjo que empezó a correrse. Le vino todavía dentro de mi, noté un chorro claramente dentro de mi ano. Enseguida la sacó y se pajeó encima mio esparciéndome su semen por todo el pecho. Soltó tres o cuatro borbotones de leche espesísima y le quedó colgando de la punta un cuajarón que me apresuré a lamer sintiendo por primera vez el sabor entre amargo y salado del semen. Me metí su pollita en la boca y se la limpié tan bién como pude mientras él gemía y terminaba de vaciarse con sacudidas cada vez más espaciadas. Cuando terminó, retiró la tranca de mi caverna chupona y se tumbó a mi lado abrazándome.
De todos modos, quedaba pendiente el asunto de mi última erección. Acerqué mi boca a su oído -¿Te apetece repetir?- , me miró con una sonrisa de complicidad y bajó su cabeza hasta mi pene. Comenzó acariciándolo con la mano suavemente para lamerlo de arriba abajo después. Los lametones iban desde mi capullo hasta los huevos. Me estaba saliendo, mi polla se endurecía cada vez más, la sentía a punto de estallar. Mientras le acariciaba la cabecita llegando con la otra mano tan abajo como podía de su espalda. De pronto se revolvió quedando encima de mi y con su polla, ahora morcillona y goteante, sobre mi cara. Comprendí enseguida lo que pretendía. Repasé suavemente su tranca y dirigí mi lengua hacia su ano. Noté al mojarlo cómo quedaban restos de mi anterior corrida, ya secos, pero de un sabor completamente diferente al de la suave piel de Juanjo. Luego volví a pasar a su pene mientras me la seguía chupando con delirio. Así estuvimos un ratito, disfrutando del sesenta y nueve cuando él me pidió que me levantase. Se arrodilló con las piernas separadas mostrándome el culo en todo su esplendor. No pude por más que coger mi rabo y endiñárselo a mi amante que empezaba a gemir pausadamente.Sentí su esfinter aprisionándome la tranca cómo si quisiera quedársela. Tomé su nabo con una mano y le hice una paja mientras seguía enterrando el miembro en aquel maravilloso agujerito. Juanjo comenzó a soltar la lechecita pegajosa chillando como una loca . No tuvo nada que ver con el primero. Esta vez iba a terminar antes, aceleré el ritmo y Juanjo lo notó, -¡Sácala, dámelo en la boca!-. La saqué y se plantó delante comiéndosela en un santiamén. Aún me faltaba algo, así que siguió chupando y lamiendo hasta que lo solté. Se guardó lo que pudo aunque bastante le cayó encima mientras yo terminaba pajeándome. Se levantó y acercó su boca a la mía dándome un beso. Compartimos mi semen mientras nos caían hilillos por la barbilla hacia los pechos. Al cabo de un poco, ya satisfechos, nos dimos un baño y fuimos hacia la casa prometiéndonos que repetiríamos.
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